Datos e ideología

Últimamente, sobre todo en Estados Unidos, se discute con frecuencia sobre la información basada en datos y no en meras percepciones y proyecciones ideológicas. Han aparecido algunos medios que parten de la idea de que las piezas periodísticas deben asentarse en datos -Vox, FiveThirtyEight, The Upshot (este último dentro del New York Times)- y, en todo caso, hoy hay más datos que nunca circulando en nuestras discusiones políticas.

Esta mañana he leído en el Economist  una pieza que encaja con mi intuición sobre el asunto (efectivamente, no tengo datos para probarla). En ella, Lexington afirma que esta abundancia de datos probablemente no servirá para mejorar el debate político y la adopción de políticas más sensatas por el simple hecho de que, en la disputa entre los dos bandos, nadie cree en los datos que proporciona el otro. En buena medida, ello se debe a que solo confiamos en los datos que nos dan la razón y tendemos a pensar que los que no lo hacen están manipulados o tienen algún error metodológico. Como escribía hace unos días Ezra Klein, dar por sentado que la abundancia de información mejora la política es un error: casi siempre se impone la ideología a la verdad, por probada que esté.

Incluso en España, diría, los datos están de moda y hasta tertulianos y otros participantes en la discusión pública no particularmente interesados en la realidad blanden estadísticas y utilizan infografías que demuestran, aparentemente, la veracidad de sus argumentos. Pero es muy, muy raro que un medio o un periodista independiente muestre datos que contradigan sus prejuicios. Los datos sirven si me refuerzan. Por supuesto, esto solo consigue enfangar aún más la conversación.

"La pasión por los datos no señala el inicio de una nueva era socrática, en la que las clases políticas buscan unidas la verdad. En la política actual, todo es un arma con la que pegarle al otro bando", dice el Economist.

En el número de abril de Letras Libres he escrito sobre Las pasiones y los intereses, un libro extraordinario del extraordinario Albert Hirschman.

He escrito sobre Cambio. 19 ensayos fundamentales sobre cómo internet está cambiando nuestras vidas: "Tiempo de mudanza".

Hace cinco años reseñé la biografía Adolfo Suárez. Ambición y destino, de Gregorio Morán. Releído ahora el artículo, creo que puse poco énfasis en la gran cantidad de cosas buenas que hizo Suárez y que dediqué demasiado espacio a su gran ambición o su poca afición a los libros y las ideas sofisticadas. De  hecho, es lo que hace el libro. Sea como sea, Suárez fue un buen presidente que hizo cosas dificilísimas. Que descanse en paz.

He escrito sobre el nuevo libro de José María Ridao, La estrategia del malestar. Aquí.

He escrito en Revista de Libros sobre Global gay, de Frédéric Martel: "Una globalización más".

En el número de enero de Letras Libres publicamos una conversación entre Félix de Azúa, Irene Lozano y José Andrés Rojo sobre el papel de los intelectuales hoy. Yo la moderé y le puse una pequeña introducción: "La crisis de los intelectuales".

He escrito en el blog Tormenta de ideas, de El País: "La tecnología y la clase media".

He escrito sobre Sociofobia, de César Rendueles. Aquí.

He publicado cuatro columnitas en el diario digital The Objective:

Sobre por qué la ciudad es mejor que el campo

Sobre la adicción a las noticias

Sobre nuestra percepción (casi siempre equivocada) de la tecnología

Sobre el paternalismo de estado y los empujoncitos