"Después de la Revolución Francesa, durante dos siglos, hubo una genérica pero evidente distinción entre europeos que aceptaban su legado y los que, en menor o mayor medida, lo rechazaban. Cada lado tenía sus partidos, sus periódicos, sus héroes, sus enemigos, su propio relato de la historia. Esta distinción ideológica empezó a desvanecerse en los años de la posguerra, cuando las nuevas sociedades consumistas de Europa Occidental se volvieron más atomizadas y hedonistas, y con el colapso del comunismo perdió todo su sentido."

Estoy traduciendo “The Tea Party Jacobins”, de Mark Lilla. Si todo va bien, aparecerá en un número próximo de Letras Libres.